No soy una persona nada supersticiosa. Ni creo en la suerte. Ni en los gurús. Ni en los amuletos, ni nada parecido. Confío en el trabajo, la constancia y la actitud. Tampoco creo en la casualidad. Pero si hay algo que me hace creer en destino. Me gusta pensar que cuando salgo a la calle, hay un complot que hace que todo me salga bien, que coja el camino sin tráfico, que aparque en la puerta del sitio al que voy, en definitiva, me gusta pensar que hay un complot para que todo me salga bien y triunfe (Triunfar, entendido, como que las cosas salgan como uno quería, no como éxito)

Pero esta coincidencia, me hace pensar que algo dice que siga adelante, que no renuncie: El número 23 ha sido mi número preferido desde que era pequeño. Mi dorsal en el Half IronMan de  Lanzarote era el 237. Mi sorpresa ha sido que este domingo en Arenales, mi dorsal era el 231.

Ahora que estoy de viaje durante casi 6 semanas, me han invadido las dudas, si llegaré en Septiembre a estar preparado al UltraMan. Verificando la inscripción del DID (Double Ironman Distance), Ultraman para Septiembre, me doy cuenta que mi dorsal es, como no podía ser de otra forma, el 23!

¿Coincidencia? No lo se. ¿Motivador? Seguro. Varias excusas me han pasado por la cabeza, para no hacer el Ultraman.  Entre otras, demasiados km, demasiado duro, no tengo tiempo para preparármelo, demasiado precipitado… Pero esta persecución del 23, mi número preferido, no puede ser fortuita. Es un clavo ardiendo al que agarrarme para seguir adelante. Cualquier excusa es buena para seguir.

Soy de la filosofía, anti Murphy, “Si algo puede salir bien, saldrá bien.”

Así que todo va bien, estaremos con el número 23 en Septiembre.