En estos días tuve la suerte de compartir cena y mesa, con personas de las que me gusta rodearme. Personas alegres, positivas, emprendedoras, valientes y con carácter. Sentado con el presidente de uno de los principales bancos a nivel mundial, recibí una clase de humildad aplastante, una ambición sin límites, pero con criterio, conocimiento, limitaciones y criterios éticos – muy a la baja en ciertos sectores- habilidades y características tan importantes en los tiempos que corren.

Hablando de la escuela de negocios en la que trabajo, me dijo una cosa, que me dejó fuera de sitio. Un deseo tan sencillo y a la vez tan complicado. Una frase motivadora, especialmente viniendo de él. Me dijo, que lo que el esperaba de nuestra escuela, era convertirse en una de las mejores escuelas de negocios del mundo.

Puestos a pedir…sueña! 

Me pareció un reto, me pareció una misión/visión clara, ambiciosa y alentadora. Puestos a desear algo, desea lo mejor para tu empresa. Tener esta clase de objetivos, no nos hará más que mejorar por el camino, y no desalentarnos. A veces la búsqueda de la excelencia, te hará crecer por el camino, y sin darte cuenta, puede que hayas encontrado lo que buscabas… quien sabe. Está en tus manos.