Si algo adoro del marketing y de los estilos y valores de vida que genera en los consumidores, unas veces de forma consciente y otras inconsciente (VALS – Values, Attitudes and Lifestyles) es que consigue hacer posibles situaciones que a priori son totalmente imposibles en la idiosincrasia actual. Muchas veces he escuchado a los más eruditos del marketing tanto en Latinoamérica como en España decir frases del tipo “Starbucks… ¿en Colombia? ¡Por favor!” Siempre he defendido que las grandes marcas (no los grandes producto) traspasan fronteras, ideales, estereotipos e incluso culturas.

Una menta racional, no podrá entender nunca, como podría Starbucks, penetrar en el mercado Colombiano, siendo la meca del café. productores, distribuidores, y estando una marca como Juan Valdez  instaurada en el mercado y en la mente de los consumidores. ¿Cómo puede un café americano competir con el café nacional, tradicional, de toda la vida?

Muy sencillo. Lo más curioso es que seguimos en 2014, haciendo las preguntas erróneas. Te diré algo que repito hasta la saciedad: No queremos más productos, queremos experiencias de uso/producto. Queremos un soporte sobre el cual plasmar los valores y rasgos de identidad que queremos proyectar. Ya sea en forma de coche, colonia o taza de café. Starbucks es una experiencia en si, la disposición del local, el olor, la música de ambiente, la forma de referirse a nosotros, todo es un ritual, que nos hace sentir seguros y conocedores de lo que va a suceder en cada momento. No hay sorpresas. Conocemos todos los pasos de la supply chain, nos sentimos como en casa. Y ese es el precio que pagamos por ello. Llevar un vaso de Starbucks por la calle, dice cosas de ti. Y probablemente lo sepas, es más, si lo llevas es que te gustan.

En el caso concreto de Colombia, la taza de café puede tener un coste económico de hasta 8 veces más que una taza de la archiconocida marca nacional. Pero, ¿Sabes qué? La gente lo seguirá comprando, porque esos consumidores no buscan café, buscan la experiencia Starbucks en su conjunto.

Los productos no son nada sexys. Las experiencias si.