Te voy a pedir un favor. Coge un trozo de papel y un boli. Coge un cronómetro/ reloj. Es muy importante que midas el tiempo que vas a tardar en hacer este ejercicio. Después lo entenderás.

Con una mano, pon el cronómetro en marcha y con la otra dibuja un smiley ( 😉 ) y mide lo que has tardado en hacerlo.

¿1 segundo?

¿1,5 segundos?

Pues esto es lo que necesitamos para repartir algo de felicidad a nuestros clientes. Esto es lo que tardó la chica que me atendió en el Starbucks de Sao Paulo, en hacerme un poco más feliz, y muy fan de esta empresa.

En esta simple foto que os comparto, se juntan dos elementos que pregono en mis clases a los 4 vientos. En una palabra y un símbolo, podemos desglosar la estrategia de fidelización de una multinacional. Pablo, ¿ Estás loco? No, no estoy loco, tengo razón. El nombre de tu cliente y un smiley bastan para llenar corazones y hacer sentir a tu cliente único, y que tiene un producto que ha sido elaborado y personalizado para él. 

Te voy a pedir un último favor:

Prométeme que tratarás a tu cliente como si fuese tu único cliente

Prométeme que lo llamarás por su nombre, recuerda que no es un número

Prométeme que repartirás felicidad desde tu packaging hasta tu postventa

Prométeme que vas a transformar el proceso de compra en experiencia de uso