Casi 6 semanas de viaje. Aún recuerdo el último día antes de viajar en Alicante, haciendo el Medio Ironman de Arenales. Me subí al avión con agujetas, algún dolor y marcas del sol que nos acompañó en las más de 5h de prueba.

Ya han pasado 6 semanas, desde entonces, he visitado 7 países, 18 ciudades, impartido 21 conferencias y dejo atrás de mi, países increíbles y gente formidable. De cada viaje me llevo una parte de la cultura, de la gente, de sus costumbres, su amistad y su gastronomía (en forma de kg. de más, que luego trituraremos entrenando 😉

Comencé por Brasil. Visité Río de Janeiro, espectacular su gente y sus playas. Belo Horizonte, Brasilia, Porto alegre, la parte más al sur en la que estuve de Latam y Sao Paulo. Me encontré con antiguos alumnos y un país en plena eclosión y con unos eventos a corto plazo que lanzarán al país a nivel mundial.

Seguí hacia Perú, estuve en Lima a penas dos días. Reencuentros con antiguos alumnos y grandes amigos.

Me marché hacia Ecuador, primero Guayaquil y luego Quito. Su altitud (hasta 4100 metros) en ocasiones agotadora, pero su gente sin igual. Me sentí como en casa. Me recibieron en familia, gracias por ser así.

De ahí me marché a Colombia, mi segunda tierra. Bogotá, Cali, Medellín y de nuevo Bogotá. Sin palabras. Todo lo que diga es poco.

Salí para Venezuela, Caracas, Barquisimeto, y de vuelta a Caracas. Un país que lo tiene todo, minerales, paisajes de ensueño, gas, petróleo, buena gente…Solo deseo que su gente siga luchando por un país mejor.

Con el corazón en la mano, salí para Panamá. También me vi con grandes amigos y muchísimas oportunidades en una ciudad que crece como la espuma.

Y para culminar la gira, aterricé en México DF, Guadalajara y Monterrey, y de nuevo vuelta al DF. Amigos, compañeros, españoles expatriados…

Muchos factores del lado oscuro me han visitado en estas semanas. Extrañar a los tuyos, extrañar a los amigo, no poder entrenar lo suficiente, el cambio horario, la dieta, el cansancio, despertarte a horas intempestivas para coger vuelos, males de altura, etc.

Pero todo eso queda atrás. Lo que me llevo en la mochila, la mochila de la vida, es la experiencia, la gente que he conocido o que he vuelto a ver, las costumbres, la amabilidad de su gente, el trato al cliente y la envidia sana de ver como países en un contexto tan volátil, crecen a casi dos dígitos.

Gracias a todos los amigos, compañeros, familia, ex alumnos que de una forma u otra habéis estado ahí apoyando y haciendo más amena el tour!

Como dice un conocido:

“Soy cada uno de los lugares en los que he estado.

 Soy los caminos que me quedan por recorrer.

Soy los puentes que dinamito cuando me marcho,

que si tengo que volver, ya lo haré por otro lado”.