He escuchado muchas frases de ese calibre. Hazlo por amor, no por dinero. Trabaja por ti. El trabajo dignifica y un largo etcétera.

Hoy leyendo una frase de un gran profesional y mejor amigo, Andrés Pérez Ortega :”Tener muchos followers y “amigos” pero no ganar dinero es tan útil como vender muchos discos cuando estás muerto” me ha llevado a reflexionar sobre algunas de las cosas que he visto últimamente. Se ha creado un nuevo puesto en algunas organizaciones, que se llama “Director de felicidad”. Realmente, después de “los salarios no han bajado, crecen moderadamente” y “el ministerio de la felicidad venezolano”, esta es sin duda, uno de los mayores insultos a la lógica, desarrollo y rentabilidad de una empresa.

¿Qué va a ser lo siguiente?

Pagar con golosinas a los empleados, con nubes rosas o mejor aún, que paguen ellos por ir a trabajar. No creo que quede mucho para escuchar algo parecido. Es cierto que no solo el factor económico, es el que te motiva, retiene, vincula o compromete, pero dejémonos de cuentos de Hansel y Gretel, y seamos francos. Cuando negocies con tu banco la hipoteca o tengas que renovar la línea de crédito para tu negocio, que cobras o ingresas poco, pero que eres muy feliz en tu trabajo, seguramente sea un factor decisivo para la negociación.

No sé a ti, pero a mi el trabajo, en términos generales, sinceramente no me dignifica, lo hago por lo que lo hago. Más de uno que se le llena la boca de nubes rosas, si les tocase el sueldo Nescafé para toda la vida, los ibas a ver despertándose a las 7am, seguro que si.

Desde hace un tiempo percibo rechazo a palabras como la venta, una venta es una venta, lo siento. Por mucho que la enmascares de colaboraciones, sinergias y empatías, o facilites sueños, lo que buscas y por lo que te van a medir es por lo que generes, punto. El único departamento que genera ingresos en una empresa es el comercial.

Nunca olvidaré una anécdota que me sucedió con un gran amigo, que estaba en una época de dudas en su trabajo, en una gran multinacional. Después de divagar sobre lo que él buscaba en su trabajo, que si crecimiento, que si desarrollo, que si realización, acabó confesándome literalmente “Lo que yo quiero es pasta!”. Me parece lo más lícito, pero debemos pedir lo que queremos recibir, sin filtros. De lo contrario puedes enredarte en planes de carrera que harán que no dejes de correr nuca.