De esta visita a Dubai, saco entre otras cosas, que el cuidado extremo de los detalles, es la diferencia entre lo bueno y lo excelente. Que muy a menudo son enemigos, y estar en uno te impide estar en otro.

 

En esta ciudad, no hay nada dejado a la suerte. Todo está estudiado al milímetro para rozar la perfección. Nada puede parecer fuera de lugar. Césped, agua, arena, música, ambiente, atención cliente… todo está estudiado para que sientas que es casi perfecto.

 

Todo va de percepciones y sensaciones. Una ciudad que puede tener islas con la forma del mundo y venderlas, enormes rascacielos que hacen un contraste tremendo con el desierto. Culturas muy distintas que conviven sin problema. Una forma de hacer negocios totalmente distinta.

Piscinas, lagos, estanques, rascacielos, coches de lujo, embarcaciones en lo que parece estar en mitad de un desierto. Una ciudad llena de riqueza, llena de contrastes.

Una experiencia muy gratificante.