El fenómeno del consumidor profesional (prosumer) del que tanto se ha comentado en el mundo de los negocios también aparece en el mundo de la educación, las universidades y las escuelas de negocio. Se ha creado la primera generación de nativos digitales. Es una generación de nuevos clientes que saben mucho más lo que quieren, cómo lo quieren y cuánto están dispuestos a invertir en la que probablemente sea la inversión más importante de su vida: su propia formación.

Después de una extensa gira por el continente americano en la que he visitado 7 países (Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá y México) y hemos impartido conferencias en más de 20 ciudades de estos países, he podido comprobar que desde el año pasado, cuando hice una gira muy similar, se ha producido una evolución notable en las exigencias y el conocimiento de los futuros estudiantes de posgrado, en concreto de los MBA’s.

Un perfil de futuros alumnos son personas con un acceso a la información enorme, una conectividad sin igual, un manejo tecnológico nunca antes visto para una generación tan joven, una capacidad de contraste de la información de todos los productos gracias a este nuevo contexto que nos propicia Internet y todo ello en un universo hiperconectado. Esta generación se enfrenta a un nuevo reto, el de integrarse en el mercado laboral y trabajar conjuntamente con una generación de directivos con mucha experiencia, formación y conocimiento.

Algunos medios de comunicación e investigadores se atreven a llamarla la “generación perdida”. No osaría a usar tal calificativo para la generación más preparada de la historia contemporánea, más tecnológicamente avanzada y que ha crecido con el fenómeno “Google”. Personalmente, creo que estamos ante un momento histórico, y necesitamos que los jóvenes se incorporen al mercado para aportar todos sus conocimientos y valores.

Un perfil de prospectivos estudiantes que acude a las presentaciones de las universidades y escuelas de negocios con mucho conocimiento, información y habiendo contrastado muchas informaciones sobre estos organismos previamente. Un perfil que conoce y domina el lenguaje de las escuelas de negocio, que se inquieta por rankings, acreditaciones y certificaciones y publicaciones del Faculty de la escuela.

Este alumno demanda una formación eminentemente práctica, adaptada  y aplicable a las condiciones reales del mercado, y con un carácter internacional y global. Este nuevo alumno demanda estancias en el extranjero, formación en varios idiomas y que la metodología tenga un barniz global.

Compartiendo estos pensamientos en un comité de la EFMD, me di cuenta que no era el único que había detectado este cambio. Estamos ante un cambio de época, no en una época de cambios.

En definitiva, un consumidor mucho más experto, con muchísimo más conocimiento del sector y de las opciones que baraja, que realiza comparaciones entre las distintas opciones y destinos de estudios. Cada vez más se une a grupos de antiguos alumnos en comunidades digitales en los distintos perfiles corporativos de la escuela en el mundo 2.0 como pueden ser Twitter, Facebook o Youtube para tener información de primera mano. Un consumidor más profesionalizado. El cambio en el consumidor ya es un hecho. Por tanto, si el contexto, el alumno y las circunstancias que lo rodean no son las mismas, no podemos seguir formando a nuestros alumnos de la misma forma.